Esta enfermedad afecta al sistema nervioso central cuando el sistema inmunológico ataca la mielina, capa que protege las fibras nerviosas del cerebro y la médula espinal, lo que altera la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran visión borrosa, debilidad en brazos o piernas, hormigueo, problemas de equilibrio, fatiga y dificultad para caminar, además de alteraciones en la memoria, la concentración y el estado de ánimo.
Aunque no existe una cura definitiva, hay tratamientos que ayudan a controlar su evolución, reducir los brotes y mejorar la calidad de vida de las y los pacientes, mediante atención farmacológica, rehabilitación física y seguimiento neurológico especializado.
La dependencia recomendó evitar el tabaquismo, realizar actividad física, mantener niveles adecuados de vitamina D y acudir a valoración médica ante síntomas neurológicos persistentes.